Adrián Amoroso conoce distintas facetas del trabajo y de la vida institucional de Adolfo Gonzales Chaves. Fue profesor de Educación Física, guardavidas, trabajó en escuelas y clubes deportivos y también tuvo un paso por la función pública como concejal. Sin embargo, fue junto a su esposa Yamila donde encontró un nuevo camino: el emprendedurismo.
En 2016, con una inversión inicial de apenas $20.000, ambos pusieron en marcha una pequeña librería en la casa de su abuelo, ubicada sobre calle Juan Elicagaray. Aquel proyecto, que comenzó con librería, juguetería y fotocopias, fue creciendo con el paso de los años hasta convertirse en Sublimarte, un comercio familiar que hoy cuenta con un amplio local sobre avenida Belgrano.
“Cuando volví a Chaves arranqué a trabajar de profesor, también de guardavidas y durante el período 2010/2011 fui concejal. En ese momento surgió la idea de hacer una librería con mi mujer y de a poco fue creciendo”, recuerda Adrián al repasar sus primeros pasos.
De la educación al comercio
Su trayectoria como profesor de Educación Física ocupó una parte importante de su vida. Trabajó en instituciones educativas primarias, secundarias y rurales, además de desempeñarse en clubes como Independencia y Ciclista.
Para Adrián, aquella experiencia tuvo un fuerte valor social y todavía forma parte de su manera de entender el trabajo. “El trabajo institucional es fundamental y personalmente siento que sirve mucho. Está bueno cumplir una función social”, señala.
Sin embargo, con el tiempo sus objetivos fueron cambiando. Las condiciones económicas de la profesión y las nuevas responsabilidades hicieron que comenzara a pensar en otro camino.
También tuvo una experiencia en el ámbito político, cuando asumió como concejal de Adolfo Gonzales Chaves. Si bien reconoce que fue una etapa que le permitió conocer personas y aprender mucho, asegura que no fue uno de los mejores períodos de su vida y que actualmente no volvería a elegir ese camino.
“Me sirvió para aprender un montón de cosas. Desde mis apreciaciones creo que es mucho más importante ser un concejal opositor que un concejal oficialista y se tiene que llegar a lo positivo dejando de lado los intereses”, sostiene.
El nacimiento de Sublimarte
Luego de finalizar su mandato como concejal y ante la necesidad de generar nuevos ingresos para sostener su hogar, Adrián y Yamila decidieron apostar por un emprendimiento propio.
Con $20.000 comenzaron en marzo de 2016 en un pequeño espacio de la calle Juan Elicagaray. La experiencia de Adrián en educación le había permitido generar una importante red de contactos, que se transformó en los primeros clientes del comercio.
“Al principio no contábamos con nada, pero tenía la ventaja de haber trabajado en educación y contaba con una buena cantidad de clientes. Con Yamila sentimos que el negocio tuvo un crecimiento continuo”, explica.
Desde el comienzo, una de las premisas fue la atención al cliente y la búsqueda de soluciones. Incluso cuando no podían ofrecer determinado producto o servicio, procuraban orientar al cliente hacia otro comercio.
“Si no tenemos la solución, es darle la posibilidad a otro comercio. Se trata de ser colaborativo a pesar de la competencia”, afirma.
El crecimiento llevó a buscar nuevos espacios y oportunidades. Fue entonces cuando apareció una antigua propiedad sobre avenida Belgrano. Adrián y Yamila pasaban frente al lugar y comenzaron a imaginar qué podían hacer allí.
La transformación fue un enorme desafío. “Todo, con mis manos y con las de David Landa, que me dio una mano descomunal”, cuenta Adrián al recordar los trabajos realizados para convertir aquella casa en el comercio que habían imaginado.
El proceso también implicó asumir riesgos y recurrir al apoyo familiar para poder concretar la compra. Después llegó el momento de trabajar para devolver ese dinero y, posteriormente, comenzar con la transformación del nuevo local.

Un emprendimiento familiar
En la historia de Sublimarte, Adrián destaca permanentemente el papel de su esposa Yamila, a quien llama cariñosamente “Bochi”.
“Yo tengo un millón de proyectos en mi cabeza y la Bochi se enloquece porque la tengo podrida, pero Yamila es el 100% de todo esto pese a mis locas ideas. Es el alma de mi equipo y mi hijo también. Todo esto es un emprendimiento familiar”, expresa.
La familia se convirtió así en el principal motor de un proyecto que fue incorporando nuevos productos y servicios. Lo que inicialmente iba a ser una papelería fue ampliándose hacia la librería, el rubro artístico, regalería, juguetería y fotocopias.
También incorporaron capacitaciones vinculadas a productos artísticos y nuevas propuestas para los clientes. Las fotocopias, por su parte, se convirtieron en uno de los fuertes del comercio.


La búsqueda constante de alternativas también forma parte de la filosofía de Adrián y Yamila. Durante estos diez años, cuentan que aprovecharon cada viaje a ciudades como Necochea y Mar del Plata para recorrer librerías y observar productos e ideas que pudieran incorporar a su propio comercio.
Crecer en tiempos difíciles
El camino emprendedor no estuvo exento de dificultades. La inflación, los cambios económicos y los costos de mantener un comercio forman parte de una realidad con la que Sublimarte convive diariamente.
“Tenemos una rutina de la mañana a la noche con nuestro hijo en el medio y hay que saber tener un objetivo claro. Hemos tenido muchos momentos complicados en este país con distintos gobiernos y el empresario argentino está acostumbrado a trabajar con la inflación”, explica.
Adrián reconoce que la situación comercial actual es compleja y que, pese a tener el local lleno de productos, las familias deben decidir cuidadosamente en qué gastar sus ingresos.
También señala una de las dificultades que enfrenta el comercio local: la imposibilidad de incorporar más personal pese a la intensidad de trabajo que tiene el negocio.
“Mi negocio cuenta con una intensidad de gente que necesitaría de dos empleados, pero no los puedo tener porque no podría vivir yo por los costos que conlleva tener uno”, plantea.
Aun así, sostiene que no se puede hablar de fracaso cuando se logra mantener el proyecto en funcionamiento y seguir generando trabajo.
“No hemos tenido un año bueno y pese a todo acá estamos”, resume.
Apostar por Chaves
Para Adrián, el crecimiento de Sublimarte también está ligado a una decisión personal: apostar por Adolfo Gonzales Chaves.
“Cuando volví de estudiar me dijeron: ‘Vos estás loco, a Chaves en unos años lo van a arar’. Creo que si no ponemos colaboración entre todos para que Chaves mejore, van a terminar arando porque las ciudades no van a comer”, reflexiona.
En ese sentido, destaca la importancia de fortalecer el comercio local frente al crecimiento de las grandes plataformas de venta online.
“Si no apostamos al comercio local va a ser muy difícil que crezcan los mercados locales y será difícil traer nuevos productos al pueblo”, sostiene.
Aunque reconoce que alguna vez pensó en llevar el emprendimiento hacia otro lugar, los costos hacen que actualmente sea una posibilidad difícil de concretar.

Una historia que continúa
Al mirar hacia atrás y recordar aquel pequeño local de Juan Elicagaray, Adrián reconoce que nunca imaginó que el proyecto llegaría hasta donde está actualmente.
“Es un orgullo haber llegado a tener algo así familiarmente y no ser empresario. Soy capaz de pensar todo lo que he logrado y lo discuto con mi mujer”, afirma.
Para él, el principal aprendizaje de estos años está relacionado con encontrar un camino que permita trabajar y, sobre todo, ser feliz.
“Es lo que me gusta, en especial ser feliz”, resume.
También reconoce que con el paso del tiempo aprendió a revisar algunas de sus propias formas de actuar: “Puedo ser un tipo muy confrontante y chocador, pero no vale la pena ser así”.
Después de atravesar la educación, el deporte, la función pública y finalmente el comercio, Adrián encontró en Sublimarte un proyecto que combina trabajo, familia, esfuerzo y perseverancia.
Y para quienes hoy tienen una idea pero todavía no se animan a ponerla en marcha, su mensaje es directo: “Que le meta para adelante, que siempre lo evalúe. Hoy la situación comercialmente es más compleja, pero que lleven adelante los proyectos. Esta es la vida nuestra y hay que dedicarle la vida”.
Porque, en definitiva, toda la historia de Sublimarte puede resumirse en las palabras con las que Adrián decidió cerrar la entrevista:
“En familia y perseverando vas a llegar a buenos fines siempre.”


