Desde la Liga de Comercio e Industria de Adolfo Gonzales Chaves seguimos compartiendo las historias de quienes, con trabajo, esfuerzo y perseverancia, forman parte de la vida comercial de nuestra comunidad.
En esta oportunidad, conversamos con Marcelo Santini, propietario de Joyería y Relojería Santini, quien recientemente cumplió 46 años de trayectoria en el rubro, construyendo a lo largo de estas décadas una historia ligada al oficio, al aprendizaje y, especialmente, a la confianza de sus clientes.
Son más de cuatro décadas dedicadas a una actividad que requiere conocimiento, precisión, paciencia y dedicación, pero que también tiene un fuerte componente artesanal y afectivo.
Los comienzos: de la electrónica a la relojería
La historia de Marcelo comenzó con una formación técnica. Estudió en Buenos Aires, en una escuela industrial con orientación en electrónica, donde se recibió de técnico en electrónica. Cuando llegó a Gonzales Chaves, el rubro atravesaba una etapa de importantes transformaciones.
“En los años que me vine a vivir a Chaves fue un tiempo bisagra, en el que se terminaba la época del reloj a cuerda y automático y empezaba la era del cuarzo. En ese momento, todos mis conocimientos de electrónica me sirvieron para empezar con esta nueva etapa de la relojería”, recuerda.
A esa formación se sumó un aprendizaje fundamental: el que recibió de su padre, quien también era joyero.
“Por suerte pude capacitarme y detrás tuve un papá que fue joyero. De parte de él aprendí todo lo que es el oficio de joyería: fundir el oro, hacer una reparación, fabricar una pulsera, hacer los cálculos para fundir un oro, lo básico y la esencia”, explica.
Con el paso de los años, Marcelo fue incorporando distintos conocimientos y trabajos a su actividad. Por su local pasaron relojes de reconocidas marcas, piezas de gran valor y trabajos que requieren especial cuidado, como la reparación y manipulación de diamantes.
Sin embargo, hay una parte del oficio que continúa ocupando un lugar especial: “Lo que más me apasiona es la joyería”.
Un oficio que atravesó grandes cambios
En 46 años, Marcelo fue testigo de una profunda transformación de la actividad comercial y de los hábitos de consumo.
“Los cambios han sido drásticos. Antiguamente vendíamos relojes, grabadores, cámaras fotográficas, relojes despertadores. Hoy, con los celulares, el reloj quedó un poco de costado, pero la relojería tradicional sigue vigente”, señala.
La llegada de los relojes digitales y, posteriormente, de los teléfonos celulares modificó la relación de las personas con el tiempo y con los objetos que durante décadas fueron habituales en los hogares.
Para Marcelo, la evolución de la tecnología también trajo avances importantes al propio oficio. “Cómo evolucionó lentamente no nos dimos cuenta. La era de los relojes quartz ha aportado exactitud, además de la confianza de que la hora es exacta en todo momento. Algunos relojes tenían distintas herramientas como calculadoras, alarmas y mucho más, pero la hora era perfecta”, destaca.


La necesidad de transmitir el oficio
Uno de los desafíos que observa hacia el futuro está relacionado con la continuidad de determinados conocimientos y trabajos artesanales.
“Entusiasmo. Normalmente nadie me pregunta y lamentablemente el día que yo deje de soldar una cadena en Gonzales Chaves, nadie va a hacer ese trabajo”, advierte.
En ese sentido, señala que la situación también se repite en localidades cercanas. “En San Cayetano y en De La Garma tampoco lo hacen. El lugar más cercano es en Benito Juárez”.
La transmisión de estos saberes aparece así como uno de los grandes desafíos para que determinados oficios tradicionales puedan continuar formando parte de la actividad comercial de las comunidades.
La familia y el camino del comerciante
Detrás de los 46 años de trayectoria también existe una historia familiar.
“Me permitió seguir adelante la familia porque había que mantener cinco hijos y tuve la suerte de que mi mujer me acompañó en todo momento”, cuenta Marcelo.
Los comienzos, recuerda, fueron difíciles, pero el trabajo sostenido permitió atravesar distintas etapas y construir las condiciones para continuar desarrollando la actividad.
“Los inicios fueron muy difíciles, pero con el tiempo fuimos superando muchas situaciones y armando un capital para poder trabajar”.
La confianza como vínculo con los clientes
Si hay una palabra que define la relación que Marcelo construyó con sus clientes a lo largo de estas décadas, esa palabra es confianza.
“La confianza. Todo se basa en la confianza”, afirma.
En una actividad donde muchas veces llegan objetos que tienen un importante valor económico, pero también un profundo valor sentimental, esa confianza adquiere una dimensión especial.
“Cuando me traen algún elemento de un familiar es algo sagrado y se tiene que atesorar esas cosas. Trato de que en el día esté hecho mi trabajo porque tienen mucho valor afectivo”, explica.
Esa relación cercana es una de las características que distinguen al comercio local y que se construyen a lo largo del tiempo, generación tras generación.


46 años y un balance marcado por la satisfacción
Al mirar hacia atrás, Marcelo destaca por sobre todo la experiencia acumulada, la familia y la posibilidad de continuar trabajando.
“La experiencia recibida en todos estos años, el hecho de poder haber criado una familia y poder seguir trabajando”, señala.
También rescata las particularidades de ejercer el oficio en una localidad como Gonzales Chaves. En sus viajes a Buenos Aires, suele intercambiar experiencias con otros colegas y comparar las distintas especialidades.
“Estoy en una joyería de pueblo que es un poco la joyería orquesta. Comparo un poco el trabajo que hacen los demás y yo hago un mix de los trabajos que hacen ellos”, explica.
A la hora de resumir estos 46 años, no duda: “Satisfecho, contento y volvería a hacer todo de vuelta”.
Gratitud a toda una comunidad
Finalmente, Marcelo tiene un mensaje para quienes lo acompañaron durante estas décadas.
“El mensaje es gratitud. Agradecido a toda la gente. Los que están viviendo son los nietos de clientes antiguos, donde antes eran diferentes las ventas del oro y joyas”, expresa.
Una frase que refleja cómo el comercio local también es parte de la historia de las familias y de los vínculos que se transmiten de generación en generación.
Y para quienes están pensando en iniciar un emprendimiento, Marcelo deja una recomendación basada en su propia experiencia:
“Que arranque. Como dice el dicho: pongamos el carro en marcha que los melones se acomodan solos. Sobre la marcha va a ver frustraciones y al final se llega. Con la ayuda de la familia se puede llegar a todo”.
Desde la Liga de Comercio e Industria de Adolfo Gonzales Chaves celebramos y reconocemos estas historias que forman parte de la identidad comercial de nuestra comunidad y que muestran el valor del trabajo sostenido, la perseverancia y los vínculos construidos a lo largo del tiempo.


